PRISIONERO DE TUS ACTITUDES

Actitudes
La música en vivo puede ayudar a despertar nuevas ideas.

 Una noche fría a comienzos de invierno en Mar del Plata. Llegamos a un bar escapándonos de la demora de otro, y para nuestra sorpresa una banda de rock al estilo de la década del `70 pulsaba sobre el escenario cada acorde y golpe de ritmo, entrelazándolos con letras filosas, como si Deep Purple hubiese revivido su mejor época. Prisionero de tus actitudes, delegado del silencio cantaba el frontman de largo pelo blanco promediando los setenta años, sosteniendo su bajo sobre la espalda, marcando el pulso del alma de la noche.

 La banda musicalizaba casi de forma casual la temática que veníamos tratando en el auto mientras nos acercábamos al lugar. Entre sensaciones, opiniones, certezas y datos, el hecho de viajar se había puesto sobre el camino iluminándose con las ideas que se disparaban a cada kilómetro. 

 Hablábamos de viajar con Juan, no de viajes. Compartíamos sobre ese acto movilizante y su relación con la actualidad distópica que arrojó un costo imprevisto a cada uno de los seres humanos que habitamos la pandemia, desde que supuestamente comenzó, en 2020. Esa realidad que pulsaba moverse, ansiosamente, esperando que se abrieran las puertas para subir a un avión y que las fronteras dejen paso para entrar, o para escapar. Esa realidad que puso al acto de viajar frente a un foco.

 Pero, ¿Qué objetivos hay más allá de ese anhelado viaje? ¿Hay algo luego? ¿O hay un empuje comercial que nos influencia a movernos motivados desde las redes sociales y las fotos perfectamente preparadas, editadas y guionadas?

 Es mejor la ira del león que la amistad de las hienas, clamaba el cantante, y nos mirábamos acomodándonos, dándonos tácitamente a entender: “Bueno, esto va a estar interesante”.

 ¿Cuántas hienas nos siguen en las redes sociales? ¿Hay leones por ahí sueltos mostrando quienes realmente son y exponiendo sus pensamientos a pesar del costo de “imagen”?

 Los músicos que podían ser nuestros abuelos, con fuerza y furia, marcaban el tiempo mientras comenzaban un nuevo tema al compás del riff de bajo. Mostrando su pasión ante cada nota, esa pasión que moviliza pulsión de vida, exponiendo su personalidad a través de cada instrumento.

 Llegó un grupo de amigos que conocimos en la espera del bar inicial, nos saludamos, el rock también los moviliza y brindamos con cerveza recién servida. Se detiene la banda y se presentan los músicos.

 Paremos la pelota, hablábamos de viajar.

 Lo que hoy se impone es el lema de Cambia tu vida viajando, y a veces es necesario un cachetazo para salir de la liturgia mental y el adormecimiento temporario.

 Minado de publicidad, de youtubers que venden la idea de salir de la rutina, de instagramers que venden la solución económica mágica en un destino del primer mundo, de medios de comunicación tradicionales como diarios y TV (cada vez menos vistos) que imponen la idea de que, yéndose, casi escapando, tras un tipo de cambio beneficioso, podés salvar tu vida. El esquema de consumo viajero cambió completamente lo que una aventura podría suponer: se trata de eliminar la incertidumbre, de tener todo controlado, y por supuesto, y casi de forma inobjetable, tener el dinero necesario, ¿Necesario para qué específicamente?

 Viajar como turista es una de las opciones del acto de moverse, necesario en algunos momentos de nuestro camino. Permitirse relajación y desconectarse del medio diario es, muchas veces, un bálsamo ilusorio temporario que prepara crisis existenciales sin buscarlas. Pero un bálsamo al fin.

 Tomar posición hoy es criticable. Quizá esta visión lo sea. Pásenme una máscara por favor para imponer el falso ser políticamente correcto. Que opina y no dice nada. Que juzga sin argumentos, que no quiere quedar mal ni ensuciar su imagen. La imagen, una vez más. Hay contenido popular y masivo de mala calidad en cada medio que existe, pero con los motivadores de elecciones de vida hay algo peligroso: Si la base no es sólida podés terminar con el barco a la deriva en un océano amplio y sin destino.

 El acto de viajar se volvió, más que nunca, un consumo, un producto. Los destinos son productos vendibles, eso enseñan en las carreras de turismo, eso se ve en cada foto que expone un influencer. ¿Qué hay detrás de todo eso? ¿Qué hay más allá?

 Ya me cansé de soportar tus estupideces grita el cantante ¿Qué hacemos con esos hábitos que nos aprisionan, los llevamos con nosotros de viaje? Y si, vienen con nosotros. Cada proceso personal tiene su etapa, cada camino su ruta, cada momento tiene una necesidad particular, y es eso, quizá, lo que nos moviliza, lo que nos debería mover, esa búsqueda por encontrar lo que nos quema por dentro, o moverse para sostener esa llama. Muchas veces un viaje de desarraigo sin sustento puede ser una trampa.

 En su última novela Como polvo en el viento, Leonardo Padura esquematiza a la perfección lo que genera el desarraigo dentro de un grupo de amigos que se dispersa por diferentes ciudades del mundo motivados por un bienestar económico, por emociones encontradas y desencontradas, y por lograr una mejor carrera profesional. La historia está ambientada en la Cuba de principios de la década del ’90 que avecinaba una debacle social y económica inevitable.

 Cada uno de los jóvenes del grupo sigue su vida en distintas geografías, escapándose de esa Cuba opaca, con sus amores y desamores, con sus logros, con sus pérdidas, emigrando detrás de un sueño.

 En cada rincón del mundo donde se dispersan, al pasar el tiempo, tratan, con penas y glorias, de construir su nuevo entorno cubano, una nueva Cuba en Barcelona, en Puerto Rico, en Paris, en Berlín, en Miami o en New York. Ya nada será igual y el desorden personal sucede de forma inminente.

“Los años de juventud han quedado un poco lejos, ya solo tu pasión podrá salvarte. La banda seguía, en ese momento con un solo de saxo. Si, un saxofonista jugaba con frases de jazz en medio de una base de rock. Fabuloso. ARSENI SPECIAL, nos responden cuando preguntamos el nombre de la banda. Lo agendamos.

 La pasión podrá salvarte… nos mirábamos con Juan y con los nuevos amigos que la noche nos presentó y cada miraba traía un dejo de reflexión… ¿La hemos encontrado?

 En medio de la vulnerabilidad emocional de un proceso de búsqueda o transformación cualquier idea es fácilmente “vendible”. Cualquier barco puede ser un buen transporte, pero no el que nos lleva a donde necesitamos. En el comercio del acto de viajar están ellos, los que te venden la idea de WORK and TRAVEL o WORK AND STUDY, (en inglés, porque decir Trabajar y Estudiar en español no suena tan cool), un año de encuentro con tu destino personal en un lugar nuevo, supuestamente. Cosa que podrías hacer vos por tu cuenta, y descubrir quizá que ese no era tu negocio, sino el de una agencia.

 Tenés problemas con tu verdadera soledad, se escucha por los parlantes y algo se detiene, como una luz clara, como si la melodía vocal acompañara nuestras reflexiones viajeras siglo XXI, era de la frágil realidad.

 Ese lugar imaginario idílico no existe. Lo construimos cada uno de nosotros en cada rincón, con esfuerzo. En nuestra sociedad moderna masificada por el conocimiento y la información libre, sin guía, pararse en la vereda de enfrente ante ciertos temas y expresar una posición clara es “fuerte” y “chocante”. Hoy es necesario ponerse una máscara para postear en un perfil digital de una red social. Decir a viva voz lo que realmente sentimos por algo hoy es un riesgo, en realidad siempre lo fue, pero hoy es un riesgo rápido y medible.

 El cantante detiene la banda, toma el micrófono y dice: “Esta pandemia nos mató. Pero acá estamos, viejos y tocando”. Aplausos, silencio, y sigue: El próximo tema se llama Anestesia”.

  Anestesia. Dejar correr el tiempo sin enfrentar tu deseo. ¿Por miedo? Los miedos irracionales, atrapantes, inútiles.

 Si la guía es solo económica, si una superficie marca el motivo de un viaje, si solo es consumo ¿Qué deja un viaje? Comida, hoteles y excursiones. Dinero, comodidad, y distancia. Puede ser un riesgo escapar sin solidez interna, un gran riesgo, con costo invisible pero perceptible. Viajar y encontrarse, ¿Están relacionados? El movimiento y sus sorpresas.

 La pregunta podría acomodarse un poco. Quizás pensando en el valor de afrontar eso que está en lo más profundo del ser, eso que pulsa, estés donde estés y vayas donde vayas. Quizás podría enmarcarse entre signos de interrogación con el pulso latiendo a ritmo “¿En qué destino está tu faro?”.

 Como si fuera un grito de Rock.

 BLOG de Juan (Acróbata del camino) donde amplía su visión específicamente de su experiencia viajando: https://acrobatadelcamino.com/contar-viaje-tiempo-real-redes-sociales/

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