GOL DE PRATTO

Gol de Pratto escrito Matias Kvesa

Noviembre del 2018. Nos habíamos conocido un mes antes en un encuentro fugaz, entre charlas, cervezas, miradas y risas, nos fundimos en besos apasionados esa misma noche.

 Enseguida comenzamos una relación fogosa con mucho sexo y a las pocas semanas de conocernos sentí invitarla a pasar un fin de semana largo a Tigre y allá fuimos, a un hotel colonial con parque y pileta. Paseamos por la ciudad ese fin de semana recorriendo la costa del rio, mirándonos mutuamente a cada paso, devorándonos ante cada sonrisa.

 Nos estábamos conociendo y nos disfrutábamos. Ambos veníamos de relaciones recientemente terminadas y necesitábamos creer en un nuevo vínculo. Yo no estaba preparado para empezar una nueva relación, pero me hacía bien estar con ella.

 En esa época se estaba comenzando a gestar el que iba a ser el partido de futbol más importante de Argentina, River había pasado a la final de la copa Libertadores de forma casi milagrosa y Boca lo esperaba, inmutable.

 Ese noviembre se tiñó de futbol en un año nefasto para la economía del país, pero nunca importó eso en Argentina. Si hay un partido importante todos los medios de comunicación se centran en él (¿casualmente?) distrayendo lo que pasa alrededor, pero esta vez si era difícil estar fuera de ese evento.

 Desde chico soy de River pero mis comienzos fueron de Boca, antes de poder decidir. Mi tía me había regalado la camiseta apenas nací y hasta los 6 años mantuve esos colores con orgullo, pero River ganaba todo a mediados de los `90 y mi papá era de los de Núñez, por lo que no dudé y entre los 6 o 7 años decidí yo: iba a ser de River. Los primeros años fueron una tortura, boca ganaba todo. Todo. Bianchi, Riquelme, Palermo… y toda la camada boquense que llevó sus colores a la cima del fútbol mundial. Mi adolescencia futbolística fue una lucha intentando ver a un Millonario triunfador, pero la historia fue muy diferente.

 Pasaron los años con dominio azul y amarillo hasta que en el 2004 River tuvo la chance de dejar afuera a Boca de la semifinal de la copa Libertadores en el Monumental ante su propio púbico, pero los penales dictaron una suerte inesperada.

 En el año 2007 nuevamente River fue eliminado en su estadio de la mano de Arsenal, con una goleada dolorosa.

 Año 2011, descenso, y lo peor de la historia deportiva e institucional del club. Catástrofe futbolística. El grande que se va. La pasé tan mal ese año… no había esperanza futbolística a corto plazo.

 El ascenso al año siguiente con el corazón de Matías Almeyda en la mano latiendo y un gigante que se comienza a despertar de las cenizas, empezaba a dar luz deportiva, una tenue luz.

 Debía llegar el 2014 y Marcelo Gallardo. Nadie podía imaginar como iba a transformarse deportiva e institucionalmente el club River Plate, todo cambió… La calidad futbolística y la pasión por el buen deporte y manejo de grupo contagió desde las bases de la institución hasta el hincha más recóndito. River tuvo desde 2014 hasta hoy a Boca en las palmas de sus garras, la historia se revirtió en 5 años.

 Noviembre de 2018. EL PARTIDO de la historia de River y Boca se estaba por concretar. Domingo, el primer partido de una serie de dos que consagraría al campeón de la Copa Libertadores.

 Nos despertamos tarde, habíamos tenido una noche feroz, como cada una que pasábamos.

 —¿Querés que vayamos a pasear amor?

 Me dijo ella mientras nos cambiábamos. Yo presentía algo. Después de tantos cambios de día y horario no recordaba a que hora era el partido. La idea inicial era juntarme a verlo con amigos, un pequeño grupo de hinchas de River en la casa de uno de ellos. No me gusta estar tensionado cuando hay un partido trascendental y menos quería estarlo con el que estaba por ocurrir. Prefiero poca gente, del mismo equipo en lo posible.

 En mi mente tenía agendado que el comienzo era a última hora de la tarde, por lo que podíamos ir a pasear, nos despedíamos y luego ir preparándome tranquilo para llegar a la casa de mi amigo y concentrarme en lo que iba a pasar en la bombonera.

 De casualidad revisé el horario del comienzo del encuentro y los portales deportivos indicaban las 16 HS. Eran las 15 HS. No podía ser. Revisé todos nuevamente intentando encontrar el error pero nunca apareció, estaba confirmado. El partido empezaba en una hora, me tenía que cambiar, despedirme de ella y buscar un lugar cercano para ir a verlo porque en mi departamento no tenía TV y no iba llegar a lo de mi amigo a horario.

 —Te acompaño, lo vemos juntos… —anticipó ella con cariño.

 Llegamos a un bar de Ramos Mejía, el único que tenía lugar para dos personas, diez minutos antes de empezar el partido. Adentro sesenta hinchas de Boca aproximadamente, todos con camiseta y solo tres de River: una pareja y yo. Me quería matar. Nos sentamos rápido sin hablar, los equipos salían a la cancha, el griterío aumentaba.

 River manejaba la pelota, Gallardo lo miraba de afuera porque lo había echado el partido anterior, los hinchas de Boca invadían de ansiedad cada intervención de su equipo en el estadio y en el bar, y yo era una bola de nervios y desesperación. Eran muchos las camisetas de Boca que puteaban cada una de las jugadas del visitante. Con la pareja que compartíamos colores, las únicas tres blancas y rojas en ese bar, nos mirábamos apenas River llegaba al arco contrario y tenía una ocasión de gol. Había tenido varias, y ante cada grito de “uh” o tomada de la cabeza los hinchas de Boca nos miraban desafiantes.

 De pronto en una jugada aislada le queda la pelota en el área de River a Wanchope Ávila, la primera jugada de riesgo real, llega a patear con fuerza y la pelota rebota en las manos de Armani quedándole el rebote nuevamente al delantero quien de una volea define el ingreso de la pelota en el arco. Gol de Boca. Se cae el estadio y los jugadores de azul y amarillo se desesperan para abrazarse y festejar. La primera ventaja para ellos en la final. Boca ganaba 1 a 0 de local, con todo el estadio lleno de hinchas locales y todos los fantasmas de la era Bianchi aparecieron frente a la TV, en ese bar cheto de Ramos Mejía.

 Los hinchas de Boca no paraban de gritar el gol adentro del bar. Nos lo gritaban directo a nosotros tres y nos amedrentaban con ese grito casi interminable de guerra. Casi.

 Casi porque Pratto sacó rápido del medio y la pelota le llegó al Pity Martínez, quien calmo observó toda la chancha, llevando la pelota unos pasos tranquilo, estudiando el estadio entero, mientras Pratto corría en diagonal llevándose la marca. Corría directo al arco de Boca y en ese momento Martínez deslizó el pie izquierdo sobre la pelota en un pase profundo, mortal, dejando a Pratto con chances de enfrentar al arquero desde una posición incomoda, no clara.

 En el estadio aún se oyen festejos del gol. En el bar los hinchas de Boca levantan la voz cantando, sin embargo de pronto de empiezan a callar. La pelota le queda a Pratto desacomodada pero llega a patear firme y ubicado con su pierna derecha, y la pelota se dirige clara al segundo palo del arquero. Fresca y rápida encara la red y la escena parece guionada por un escritor.

 La pelota entra en el arco que defiende el arquero de Boca y el bar se queda en silencio inmediatamente.

 Nos miramos en un instante, solo un instante, con la parejita que tenía puesta también la camiseta con la banda roja que cruza el pecho, y los tres, al unísono, desgarramos nuestras gargantas con un grito no de gol, sino de gloria. Un grito despedazante que retumbó imparable el entorno del bar ante el silencio de esos sesenta y pico de hinchas de Boca pintados de azul y oro, que tan solo un minuto antes estaban gritando desaforados.

 No me pude controlar de la alegría impactante que generó ese gol. No fue el gol sino el momento del gol. Era ese el momento, ante el festejo de los hinchas que creían el trámite terminado.

 Mientas gritaba me subí a la barra del lugar y empecé a agitar ante las miradas impávidas, incrédulas, de los hinchas que nos rodeaban, ante las manos de festejo de la parejita, ante la risa de la chica que estaba conociendo que aún seguía conmigo a pesar de ese espectáculo, y ante el horror del dueño del bar, que era simpatizante de Boca.

 Me bajaron amenazándome con echarme por mal comportamiento. No me importaba, traté de calmarme y controlar las emociones pero ya sentía que River tenía con ese gol el terror de Boca en sus manos.

 Ella se reía y compartía mi alegría. La parejita de River me tiraba miradas cómplices y sonrisas sabias que insinuaban que la copa estaba cerca… muy cerca.

 Boca hizo un segundo gol en ese primer tiempo y el bar estalló aún más que el primero. River lo empató en el tiempo siguiente, silenciando nuevamente el espacio y el estadio.

 Faltaría un partido mas, el más importante en la historia de River, que se jugó en Madrid por motivos que dan para analizar en otro cuento.

 River le ganaría allí la copa Libertadores a Boca, si, a Boca, en la final más esperada de la historia del futbol argentino, en un partido realmente inolvidable.

 Pero faltaban algunas semanas para ese partido en España aún. Mientras tanto en ese momento salimos del bar caminando de la mano, imitando algo similar a un amor que no va a durar mucho pero que nos acompañará por un tiempo.

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