EXAMEN

Examen por Matías Kvesa | Entre el sonido y la literatura

 Estuve todo el día desesperado por el examen que debo rendir en minutos esta noche. Me comieron por dentro la ansiedad y las dudas, realmente el día fue un sufrimiento. No había caso: por más que ya había estudiado y conocía bien los temas algo me causaba inseguridad… ¿Cómo vendrá el profesor? ¿Qué me preguntará? ¿Buscará en la unidad que menos entendí temas que me desarmen? ¿Tendrá esa actitud amargada en el rostro como trae siempre? Preguntas, dudas. No soy yo cuando voy a rendir, pero trato de pasarlo lo mejor que puedo… ¿No debería disfrutarlo? ¿No es lo que más me gusta y por eso me preparo para aprender los temas que me interesan? ¿El examen no debería ser solo una prueba de que vengo bien con lo que hago? No lo siento para nada así, al contrario, un liquido de desestabilización parece circular dentro mío.

 Estoy por entrar, me traspiran las manos. La puerta del aula es una reunión de compañeros nerviosos, que caminan, hablan y se mueven.

—¿Estudiaste Álvaro? Me cuesta el libro de Erich Fromm…— me pregunta y confiesa una compañera, casi como una súplica, para que la salven de ese momento.

—Si, lo leí. Me gustó… ¿Vos pudiste estudiarlo?

—No. No estudié. Leí, pero no entiendo. No entiendo porque leo esto ni porque estoy acá en esta carrera, en este lugar, por hacer esto hoy, no comprendo porque hablo de algo que no sé que sentido tiene —me responde ella casi gritando.

La miro sorprendido. Parece que los nervios por rendir la estaban afectando.

—Mira Pau, estas cosas pasan antes de ren… —intenté calmarla pero me interrumpió con un chasquido de dedos.

—Que raro mi reloj está parado… a ver el celular…—lo saca del bolsillo— mmm también se detuvo… anda mal, viene fallando la batería, después pruebo cargarlo… ¡Suerte Álvaro!

Se fue sonriendo. Alcanzo a decir gracias… lentamente, sorprendido. Me acerco a uno de mis amigos.

—Hola Andi, ¿Cómo andas? Al fin te encuentro… están todos locos hoy, ¿Qué pasa? Es fácil lo hoy, ¿no?

Andi me mira fijo y se acerca, casi hasta tocar su nariz con la mía.

—Soy tu inconsciente Alvi. Nunca fui real. Nunca estudié nada de esto. Vos tampoco deberías, no es lo que querés. Anda a hacer lo que tanto me decís que queres hacer. Anda a aprovechar el tiempo.

Estallé en una carcajada.

—Dale Andi, deja de bromas, rindamos esto y vayamos después a comer unas pizzas. En dos semanas empezamos la otra materia si aprobamos.

—¿Aprobamos que? ¿Qué querés aprobar Álvaro? ¿A dónde queres llegar?

 Se acercó más y me besó en la boca. Me beso agarrándome la nuca y apretando nuestras cabezas. Una compañera mira y sonríe mientras entra al aula.

—¿Qué hacés boludo? ¿Te volviste loco o es tu nuevo método para no estar nervioso?

 Se escapa riéndose a los gritos.

—Aprovechá el tiempo…¡Tu tiempo Álvaro!

 Me alejo de este grupo que me deja perturbado. Camino por el pasillo, la luz aquí es tenue, cada vez más tenue. De pronto me tocan el hombro desde atrás.

—¿Estudiaste Álvaro? ¿Estudiaste? ¿Vas a aprobar Álvaro? —uno de los porteros me pregunta desesperado, casi gritando, sus ojos están rojos, desencajados, su boca tiembla— ¿Qué haces acá Álvaro? ¿Qué  es lo que querés? ¿Qué querés?

—¡Nada, nada! —grito y lo empujo, lo corro de mi, y me escapo, me muevo, camino rápido dando la vuelta al pasillo.

 Me dirijo al aula. Transpiro, mucho. Tengo calor, algo me deglute la mente, no son los nervios por el examen. ¡El examen! Me olvidé lo que había estudiado y me desespero. Camino más rápido y escucho la voz del profesor llamándome para rendir, retumbando en mis oídos.

—¡Álvaro Hurtado! Ingrese al aula 107.

 Me acerco a la puerta, mis compañeras están allí todas vestidas con trajes verdes y signos de interrogación… Se ríen, me miran y hablan entre ellas al tiempo que mis compañeros revisan sus relojes. Trago saliva, siento frio en la nuca, entro al aula.

 La luz es azulada adentro, el profesor está solo sentado en el fondo, no hay sillas, no hay mesas, solo la de él y una enfrente, supongo que para mí. Hace mucho frio.

—Siéntese, bienvenido —me ordena con una voz musical, más antigua que la voz que recuerdo. Tiene un sombrero puesto que no me permite ver su rostro, está más oscuro en el fondo del aula, me acerco para sentarme y levanta la vista, sonríe. El rostro del profesor está avejentado, 30 años… o más… ¡No sé cuánto! ¡Es mucho más viejo!

—¿Usted entiende los calendarios señor Hurtado?

—¿Perdón?

—¿Es sordo? Los calendarios, ¿Los usa? ¿Qué fecha es hoy?

—Si por supuesto que uso los calendarios —respondí confundido ante tantas preguntas— hoy es 12 de Agosto.

—Error. Hoy es 25 de Diciembre. Tiene dos puntos menos Hurtado.

—¿Pero cómo va a ser 25 de Diciembre profesor? El examen es hoy, 12 de Agosto, vine a rendirlo hoy. En diciembre no hay curso, ¡Menos un 25 de Diciembre!— sentí que mi voz salía a los gritos, sin querer hacerlo.

—Mire señor Hurtado — El celular de mi profesor marca la hora detenida, con fecha 25 de Diciembre. Observo el mío e indicaba el mismo día.

—No puede ser…

—Es lo mismo Hurtado. Es lo mismo que sea 12 de Agosto, 25 de Diciembre o 40 de Octubre. Estamos aquí sentados, rindiendo, en presente, este día y a esta hora.

 No puedo más. Algo empieza a revolverse en mi estómago.

 Miro mi reloj, está detenido en las 21:00. Mi celular marca la misma hora, la hora que mi compañera había señalado hacía un tiempo cuando me enfrentó con sus preguntas… pero, ¿Cuánto tiempo ha pasado de eso? No lo sé.

 —¿Qué es el tiempo para usted Álvaro Hurtado? Defina el concepto de tiempo por favor.

 —Pero… esto no estaba en los temas del examen ni en los libros… Erich Fromm no menciona esto…

 —¿Qué es el tiempo señor Hurtado? Por favor responda que se agota el mío —dijo sonriendo, mostrándome su reloj de pulsera también detenido en las 21:00 HS.

 Salgo corriendo, intento llamar a mi casa pero no tengo línea. El lugar se está cayendo, hay ladrillos tirados en el parque, las paredes están despintadas. No hay nadie en todo el inmenso lugar, no sé que día es, que hora, cuánto tiempo ha pasado y no recuerdo porque estoy aquí por dar un examen de algo que nunca me pregunté por qué hago.

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