ETIQUETAS

Etiquetas por Matías Kvesa | Entre el sonido y la literatura

 Etiquetamos todo. Le ponemos nombre, resumimos en pocas palabras ideas, conceptos, pensamientos y sensaciones como si fueran productos que deben estar preparados para la venta rápida y fácil. Necesitan venderse así.

 Queremos digerir todo lo antes posible, ya, y comer otra cosa, sin sentir el sabor.

 «¡Denme de comer! ¡Necesito estímulos para darle sentido a mis días!»

 No llegamos a entender del todo la inmensidad de ideas y el mundo maravilloso que nos rodea, abrumados de estímulos alrededor. Queremos el resumen, y en lo posible que esté subrayado. «Que venga la comida, tengo hambre.»

 Repetimos las etiquetas una y otra vez hasta naturalizarlas, viven allí, comienzan a ser parte de nosotros. No pensamos, las decimos, y es una norma para la vida cotidiana, para los productos y mensajes que intercambiamos día a día. Tan cotidiana que las aplicamos en todos los medios existentes.

 ¿Analizar? Nos olvidamos de la historia, de valores, de planeamiento. Queremos vivir el ahora, sin entender que sin sentido de orientación un presente puede ser la luz de una vela que se apaga lentamente. Luego buscaremos otra, la encenderemos, para que ilumine un tiempo y así creer que vemos un camino que nos lleve a algún lugar.

 «Denme de comer a mi y a mis seres cercanos, la mejor comida… ¿Los demás?  Que busquen como puedan, algo van a encontrar.»

 «¡La bebida mas cara! Que tenemos que festejar, vamos a comer lo que queríamos.»

 Que nos atiendan rápido, que nos sirvan, estamos apurados, sin saber a donde ir.

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