DEPORTE

Deporte por Matías Kvesa | Entre el sonido y la literatura

El deporte para mi es una relación interminable e inseparable. Desde chico, alrededor de los 6 años, comencé a practicar fútbol (para lo cual era muy malo al principio), momentos en los cuales incorporé el amor por jugar, correr, compartir y divertirme. A medida que pasaban los años, mejoraba notablemente mi capacidad como “deportista”, compitiendo en torneos durante mi adolescencia, siendo parte de clubes de mi país y también compartiendo otros deportes con amigos y compañeros del colegio como handball y volleyball. En esos momentos el amor por jugar era totalmente natural. No era solo hacer deporte, era ir a jugar, a pesar que a veces debía competir en algún torneo. Siempre en equipo aprendí compartiendo, luchando por ganar, en conjunto.

Cuando a la edad de 17 años empecé a entrenar en un Gimnasio con el fin de hacer crecer mi cuerpo en base al ideal de perfección que se vende en los medios y en la sociedad (creo que la mayoría comienza por esa presión tacita que no logramos dilucidar) me metí en un nuevo mundo, que no tenía que ver con la visión deportiva que tenía hasta ese momento. Al pasar los años, y varios gimnasios y espacios de entrenamiento en el camino, siempre noté (siempre) lo mismo. La individualidad. El YO.

El entrenamiento personal es individual, es solitario. Podemos entrenar en grupo, ir al gimnasio, poner música, estar rodeados de personas, pero la realidad es que estamos solos. Nosotros y nuestro cuerpo. Y el fin, llegado ese momento, somos nosotros mismos. Es ensimismado, es sobre nuestros músculos, nuestro bienestar, nuestro ego, nuestra alimentación, nuestra propia salvación. Realmente no importa el otro, de hecho podemos estar corriendo 2 HS por día en una cinta de correr durante todos los días de una semana, a lo largo de un año, y tener una persona al lado haciendo lo mismo con la cual nunca interactuamos, ni siquiera sabemos su nombre.

Me ha pasado muchas veces estar entrenando solo rodeado de personas, y sentirme aislado, viendo como cada uno se preocupa por su objetivo, y no hay peor soledad que la que se siente rodeado de gente. Los objetivos personales son indispensables y fundamentales para la vida, pero la unión de las individualidades es lo que hace poder real por algo más grande. Tuve que ser intentar superar esto para congeniar mi visión deportiva de equipo con la individualidad propuesta casi obligatoriamente en los espacios para hacer ejercicio y poder ejercitar mi cuerpo. Tuve que entender que lo hacía para sentirme bien yo, para cuidar mi cuerpo, para cuidar mi salud y estar en forma… pero no me alcanzaba, no me alcanza.

Hay algo que me llena más, mucho más, y son los deportes.

El deporte, compartirlo, hacer un juego de equipo, potencia el entrenamiento individual, te conecta con otros, por un fin común. Por un proyecto que ya no solo depende de uno, sino que depende de un grupo, y de la capacidad del equipo que también tenemos en frente. No pasa por nosotros mismos, el objetivo se abre, y podemos compartir, crecer con los demás. Es por esto que une y es tan maravilloso. El deporte en grupo tiene un poder incalculable. Nos enseña todo el tiempo, a convivir con personas diferentes a nosotros mismos, con diferentes cualidades pero orientados por una misma dirección.

Hoy, en este presente cada vez mas individual, donde las redes sociales nos hacen potenciar la individualidad, donde los medios promueven en consumo solitario, donde la realidad global estalla a gritos que necesita un cambio, es hoy donde el deporte puede dar el ejemplo más claro de unión, algo que a lo largo de tantos siglos de historia nunca perdió.

El deporte grupal es el mejor ejemplo de analogía con la vida, con las sociedades, con la política. Es amor por un proyecto en común, por el bienestar del que corre al lado nuestro, ese que quizá pertenezca a otra clase social, tenga o no estudios, tenga o no dinero, estamos juntos por un mismo objetivo.

En ese momento en que estoy jugando al fútbol en cancha de 11 miro a mis compañeros y quiero que corran, que sean fuertes, más fuertes que yo, que logremos juntos el objetivo por el que nos preparamos, que es mayor que la capacidad individual de juego.

Porque eso hará que juntos podamos lograrlo.

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